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El lector encontrará en este libro acontecimientos tan significativos como la maquiavélica forma en que la Administración Roosevelt precipitó a EE.UU. hacia la confrontación bélica con Alemania. Pero, sin embargo, la llevó a efecto sirviéndose de Japón por medio de grandes presiones económicas y políticas; así como gracias a la trampa que le preparó en las Islas Hawái, al ofrecer la «chatarra» de la U.S. Navy como blanco indefenso mientras, «casualmente», salvaba unos portaaviones que eran el arma decisiva de la futura victoria a obtener en el Pacífico.

 Conoceremos también los entresijos de la muerte del más siniestro jefe nazi: Reinhard Heydrich, un personaje que manejaba como nadie todos los hilos ocultos del Tercer Reich. Fue ordenada desde Londres para reactivar a la «adormecida» Resistencia Checa, sin importar en absoluto la brutal represión ya prevista.

Asimismo, hay que rememorar con muchos detalles, incluidas dantescas escenas, la retirada de más de dos millones de militares y civiles alemanes por aguas del Báltico en la evacuación de Prusia Oriental, la mayor de toda la SGM, ante la avalancha de las tropas soviéticas.

 También está presente la breve pero intensa historia del temible acorazado DKM Bismarck, un prodigio de la ingeniería naval alemana, al que solo su propia tripulación sería capaz de echar a pique frente a las numerosas unidades de la poderosa Royal Navy.

No podía faltar aquí la más grande operación de transporte terrestre de la Historia, cuando la URSS salvó el grueso de su industria pesada en un tiempo récord al reubicarla en los Urales y Siberia Occidental. Constituyó un factor decisivo para, primero, resistir el tremendo empuje de la mecanizada Wehrmacht, y luego, ganar la contienda.

A recordar aquellos días en que, ante la masiva aparición de libras esterlinas falsas —pero técnicamente perfectas—, los sólidos cimientos del Banco de Inglaterra fueron sacudidos por el efecto de un terremoto financiero. Habían sido fabricadas bajo férreo control de las SS y con todo secretismo, en un campo de concentración, para arrasar la economía británica.

Debemos conocer que, ante la falta de medios técnicos para bombardear masivamente Norteamérica con aeroplanos, el orgulloso Imperio del Sol Naciente —tras fracasar con sus submarinos portaaviones— se vio obligado a montar una insólita ofensiva aerostática para incendiar las reservas forestales enemigas.

Resaltar la forma en que el Führer acabó suplantado por un excepcional sosias preparado en persona por Martin Bormann, quien parecía tener ojos y oídos en todas partes, cuando el 20 de julio de 1944 estalló un bomba en la denominada Guarida del Lobo.

 Además, y aunque a primera vista pueda parecer todo un desatino, hay que resaltar que los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki evitaron en realidad un costo humano altísimo a ambos bandos si se llega a prolongar la guerra hasta 1946. Japón disponía aún de un impresionante ejército, dotado con miles de kamikazes aéreos y navales, para ofrecer una resistencia desesperada hasta el último hombre.

Finalmente analizamos el mito de John F. Kennedy en su aspecto de héroe a la desesperada, después de que la lancha rápida bajo su mando fue la única hundida por abordaje en toda la guerra. Junto a los contactos y simpatías por los nazis, se detallan aquí los negocios sucios de una mediática familia que ansiaba el máximo poder político utilizando siempre su gran fortuna.

Crónicas de la Segunda Guerra Mundial

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